10 de agosto de 2011

LA CULTURA DE LA FRIVOLIDAD

Editorial del diario La República, cuyo director es Federico Fasano Mertens. Montevideo, domingo 17 de abril de 2011.

Nos ha visitado recientemente el premio Nobel de Literatura, el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Novelista y ensayista de innegable calidad, Vargas ha sido --y sigue siendo-- severamente cuestionado por sus posturas políticas, de signo contrario a lo que fue su militancia en los años sesenta del siglo pasado. Probablemente lo que más se le reprocha sea el vuelco ideológico, percibido por muchos como una traición a los ideales de la izquierda que otrora había abrazado con fervor; también ha sido un factor irritante la adhesión pública al neoliberalismo y sus elogios a Margaret Thatcher y a Ronald Reagan.


Pero más allá de todo eso, es preciso reconocer en Mario Vargas Llosa a un escritor mayor prescindiendo de su credo político actual, del mismo modo que admiramos a Salvador Dalí, a Felisberto Hernández o a Jorge Luis Borges haciendo abstracción de sus impresentables opiniones políticas.

Independientemente de su incuestionable talento de narrador, Vargas Llosa es también un ensayista de fuste. En su reciente visita a Montevideo, donde fue declarado ciudadano ilustre, Vargas recibió también los honores de la Universidad Católica que lo galardonó con la Gran Medalla Académica. Precisamente en esa ocasión, el escritor peruano pronunció una conferencia de la que queremos resaltar algunas ideas que consideramos especialmente pertinentes.

Con el título de 'Cultura y poder en nuestro tiempo', Vargas Llosa expuso su punto de vista sobre la sociedad globalizada actual y sus pautas culturales esencialmente frívolas. Hizo referencia al desgaste y desprestigio que sufre la actividad política a los ojos del ciudadano común, cada vez más prescindente del quehacer político y que ve al sistema político como un espacio propicio para los actos de corrupción.

Pero lo que más nos interesa es su opinión sobre el papel que desempeñan los grandes medios de comunicación: "La frivolidad, la frenética busca del escándalo, la chismografía barata que se encarniza con los políticos, ha tenido como consecuencia en muchas democracias que lo que mejor conozca de ellos el gran público sea lo peor que puedan exhibir", afirmó Vargas, para concluir: "El periodismo escandaloso es un perverso hijastro de la cultura de la libertad".

Continuó su alegato moral fustigando a los grandes medios audiovisuales que, "ávidos de ganar dinero, explotan las bajas pasiones de la gente con total irresponsabilidad". Para el premio Nobel, esto es consecuencia de la banalización de la cultura para la cual lo que importa es divertirse por encima de toda otra forma de conocimiento o quehacer.

La gente asiste a espectáculos, compra un periódico o un libro para "pasarla bien" y para olvidar los problemas cotidianos, para distraerse y olvidar las cosas serias. Es el reino de lo superficial, alegre, liviano.

Nos identificamos plenamente con estos conceptos vertidos por Vargas Llosa, pues desde hace 23 años venimos luchando contra la cultura chatarra y la tilinguería que campea en los programas televisivos, desinformando y deformando a la audiencia, manipulando la opinión pública.

La penetración masiva de esos disvalores por medio de la pantalla chica es la gran responsable de la pérdida de valores que afecta a la cultura occidental del siglo XXI.

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