14 de marzo de 2011

Maldición para unos, bendición para otros…


Foto: ImageShack.us


por Lilly Morgan Vilaró

El terremoto y posterior tsunami ocurrido en Japón colocó al país en el centro de las miradas del mundo que veía las escalofriantes imágenes por televisión sin poder creer que esto era realidad y no una película de catástrofes hecha en Hollywood. Todos los noticieros, de aquí, de allá y de más allá, se dedicaron casi con exclusividad a divulgar la noticia y a mostrar la destrucción que la madre naturaleza dejó a su paso.

Digamos que los noticieros zafaron del temible sábado y domingo, en donde por lo general no pasa nada y tienen que repetir historias viejas ocurridas durante la semana. Como en el caso del tsunami de Indonesia, nos prendimos a ver una y otra vez la repetición del momento en que empezó el terremoto y la posterior entrada de la ola gigante que se llevó puesta, como si fuesen figuritas de papel, casas, autos, barcos, y hasta formaciones completas de trenes.



Y como las tomas eran desde arriba, sobre todo las del tsunami, era difícil ver, por suerte, que dentro de todo eso que arrastraba la ola, seguramente había un montón de gente. A mi me produjo una terrible sensación de angustia la imagen dentro de un supermercado, en donde las empleadas corrían a sostener las góndolas para tratar de que no se cayeran destruyendo la mercadería. En vez de salir corriendo a buscar su protección propia. Espero que el dueñ/a del super las recompense adecuadamente. Y cuántas más habrán hecho lo mismo y tal vez pagado con su vida esa equivocación de prioridades. ¿Serían órdenes emanadas de sus patrones? ¿Pensaban que era un terremoto o un temblor “normal” que pasaría enseguida? ¿Qué hace que una persona piense que antes que salvar su vida, tiene que intentar salvar una góndola llena de latas de duraznos en almíbar, que ni siquiera le pertenecen? No sé por qué me quedé tan pegada a esa situación. Tal vez porque era más fácil ponerme a analizar esa conducta, que seguir viendo lo mismo, una y otra vez. Al punto de poder reconocer a ese auto, el que pasa flotando con el limpiaparabrisas encendido. O el barco gris que navega derechito hasta estrellarse contra una autopista o algo por el estilo. O escuchar al tipo que graba el comienzo del terremoto dentro de su casa, hasta que se da cuenta que el edificio está a punto de derrumbarse y sale corriendo, pero sin apagar la cámara ni dejar de comentar lo que está pasando. Seguro que era un periodista. Acá sí entiendo eso de preocuparse más en mostrar lo que está pasando, en vez de buscar la salida más cerca. No digo que sea más inteligente o más correcto. Es simplemente un reflejo casi automático de la profesión. Eso es lo que hacemos como medio de vida. La mayoría de los periodistas lo somos por vocación. La mayoría de los empleados de supermercados lo son por necesidad. Y creo que esa es la cuestión que no entiendo de las empleadas del supermercado japonés.

Lo que si entiendo es que las centrales de energía nuclear corren serio peligro de derretirse. Que no sé exactamente lo que quiere decir. Estoy traduciendo del inglés. “Melt down”. Pero suena horrible. Y creo mucho más peligroso que el terremoto y el tsunami juntos. Me trae recuerdos de las imágenes de Hiroshima y Nagasaki. “Derretidas” por la bomba atómica norteamericana. O debería decir: evaporadas. Eso fue el término que utilizó una sobreviviente japonesa de Hiroshima, radicada en Buenos Aires, cuando me tocó entrevistarla por el tema. –“Yo venía con mi hermana del colegio- me dijo- y de golpe sentí un calor intenso. Cuando miré para el lado de mi hermana, ella se había evaporado.”- Habrá que ver si el gobierno japonés logra enfriar, apagar o desenchufar las malditas centrales nucleares antes de que la radiación comience a evaporar gente. Habrá que ver si el gobierno uruguayo decide, después de esto, que la idea de instalar una central de energía nuclear no es tan buena como parece.


Crisis nuclear en Japón, estado de emergencia, SOS Japón! Titulares de la prensa escrita de China, hoy lunes 14 de marzo.(Eskup)


El que parece haber aprovechado la situación del terremoto, es el bueno de Omar Kadafhy. Mientras todo el mundo miraba la ola gigante, el se mando una ofensiva militar que desalojó a los rebeldes de la mayoría de las ciudades que habían tomado. Con lo cual le complica mucho más a Barack Obama y el resto de la pandilla poder maniobrar para sacarlo del poder. Lo de Libia me recuerda en cierta forma, y salvando las distancias, al famoso intento -bah, uno de los múltiples- del presidente Kennedy de derrocar a Fidel en el año 1961. El desembarco “espontáneo” a la isla, por parte de disidentes cubanos radicados en Miami. Luego de ser entrenados y armados por el gobierno norteamericano, los “rebeldes” desembarcaron en la Bahía de Cochinos. Punto marcado por Usa como de fácil entrada. Supuestamente, el pueblo cubano los iba a recibir con los brazos abiertos. Igual, por si las moscas, Kennedy prometió apoyarlos desde el aire con una flota de aviones para bombardear a los castristas si fuese necesario. El problema fue que los valientes defensores de la libertad se equivocaron de playa. Y desembarcaron en la playa Girón. En donde los malvados cubanos comunistas estaban construyendo un hotel turístico. En cuanto los liberadores dijeron: “Hola chicos…venimos a salvarlos del barbudo…”, los albañiles la emprendieron a los ladrillazos contra sus cabezas, demorándolos lo suficiente hasta que llegaron las tropas oficiales que estaban esperando el desembarco en la Bahía de los Cochinos. Porque ellos también tenían la información de que la invasión se iba a producir por ahí. En cuanto los militares norteamericanos vieron el desastre ocurrido, pegaron media vuelta con sus aviones y los dejaron solitos.



Y bueno, en cierta forma me parece que lo sucedido en Libia es más o menos lo mismo. No fue una rebelión armada por Usa, (si bien fue incentivada verbalmente por el mismo Obama) o tal vez lo fue y lo sabremos recién dentro de 10 años. Pero creo que una vez que comenzó les dijeron que ellos los apoyaban y que les darían armas etc. Pero no contaban con la reacción del loco Omar. Y ahora les es muy difícil ayudar a los rebeldes, sin directamente hacer una invasión a cara descubierta. Made in USA. Para colmo el resto de la región no va muy bien que digamos. En Egipto, pasada la euforia inicial de “vayamos todos contra Mubarak”, ya se agarraron a las piñas y a los balazos entre los musulmanes y los cristianos coptos. En la plaza de Tahrir hicieron lo mismo los anti y los pro Mubarak. Mientras tanto una junta militar se consolida en el poder. Teóricamente llamaran a elecciones democráticas en Septiembre.

En Bahrain, y pese a la visita tipo peludo de regalo de un alto funcionario del gobierno de Obama, la monarquía sigue reprimiendo a los manifestantes. En Arabia Saudita la casa real ya dijo que no tolerará protesta alguna. Parece ser que lo prohíbe la ley terrenal y la ley del Corán. Es decir: no solo los matarán a balazos si se atreven a manifestarse, sino que luego de muertos se irán al infierno musulmán. Que debe de ser muy parecido al actual infierno terrenal del país del sol naciente. Con un poco de suerte, para los gobiernos árabes y porque no, para Obama, el mundo seguirá mirando las imágenes del terremoto japonés, dándoles tiempo de hacer lo que tengan que hacer para quedarse en el poder, los unos, y salir bien parado y protegiendo los intereses de su país el otro. Algunos pactando con Usa reformas políticamente correctas pero que no cambien sus privilegios. Otros, como en el caso de Kadafhy, tomando nuevamente control de su país y pactando con Obama and company, una salida decorosa al conflicto, tanto para el caudillo del desierto como para los amos del mundo.

Los japoneses saldrán de esta y se convertirán otra vez en potencia. No es la primera vez que se enfrentan a una catástrofe de esta magnitud, o aún mas grande, y resurgieron literalmente, de sus cenizas.

Y ahora que me acuerdo, y hablando de terremotos…¿alguien se acuerda de Haití?


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La autora es periodista, nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también me quedé pegado con los dependientes del supermercado, y pensé que la cultura de los Shogun, Samurai, aún prevalece en Japón junto con la escasez de puestos de trabajo.

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