7 de marzo de 2011

¡Feliz día de la mujer!




por Lilly Morgan Vilaró | Photo credit: Michelle Kwajafa from morguefile.com


Debido a la restricción gubernamental que solo permite dos hijos por pareja, restricción basada en un problema de sobrepoblación, los orfanatos de China están repletos de bebitas abandonadas por sus padres. ¿Por qué tanto abandono de niñas y muy poco, casi ninguno de niños? Porque un varón vale más que una mujer. Por lo tanto los padres se sacan de encima a la bebé para poder así tener la chance de procrear nuevamente y tener la suerte de que sea un varón. Destaco que el destino de estas niñas es un poco mejor que en los tiempos no muy antiguos, en donde directamente se las ahogaba en el río, o se las dejaba en la nieve para que muriesen de frío.

En Pakistán, Afganistán, Turkmenistán y otros países que no terminan con án, pero si tienen en común la influencia religiosa musulmana y en especial su rama radicalizada talibana, los asesinatos de mujeres, mal llamados “muertes por honor”, a manos de sus maridos, padres, hermanos o hijos, son cosa común. Rara vez son penalizados. Primero, porque casi nunca son denunciados. Segundo porque la justicia no pone demasiado empeño en hacerlo.

Es que la justicia por lo general está en manos de los hombres. Muy difícil que una mujer pueda llegar a ser jueza en esos países. Los casos que a veces llegan a la justicia y los culpables son debida o aparentemente castigados, son los que por algún motivo cobran relevancia internacional a través de la prensa.

En Sudáfrica, decenas de mujeres lesbianas son violadas por uno o varios hombres para “corregir” su elección sexual. El Ministro de Justicia sudafricano dijo a la prensa que esas violaciones no podían ser catalogadas ni penalizadas como las violaciones “convencionales” (sic), porque eran diferentes. Dándole así piedra libre a la muchachada de seguir corrigiendo a esas equivocadas mujeres.

En la convulsionada Libia de estos días, las mujeres están encerradas en sus casas, no tanto por temor a la balacera en las calles, que por el terror de ser violadas por elementos anti o pro Kadafhy. Ser violada es una cuestión de honor. O mejor dicho. De deshonor. No para el hombre violador. Deshonor para la mujer violada. Que será despreciada por su propia familia. Ya sea padres, hermanos, o marido e hijos.

Una gran mayoría de las mujeres violadas en Libia, y en otros países de la región, se suicidan. Por otra parte, la violación como arma de guerra ha sido, y sigue siendo usada, a pesar de las denuncias y reclamos internacionales de los organismos de los derechos humanos. Sucedió en la ex Yugoeslavia. En Ruanda. En Sudán. En Nigeria. Y por las mismas razones. La mujer violada será despreciada y abandonada por su marido. Si es soltera, no conseguirá marido. Y en su casa materna tampoco la querrán, ya que ha perdido su “valor” monetario.

Y hablando de valores monetarios. En Uruguay una de cada diez mujeres está desempleada. En el caso de los hombres, uno cada 20 está desempleado. Si están empleados, el hombre ganará, por un mismo trabajo, mayor sueldo que una mujer.

En Argentina se practican 500 mil abortos clandestinos por año. Unas 80 mil mujeres por año deben de ser hospitalizadas por complicaciones posteriores a estas intervenciones clandestinas. Una mujer muere por día por falta de un esquema sanitario que la proteja, luego de realizado un aborto. Pero el aborto sigue siendo ilegal. Se les sigue negando a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Estoy segura de que si los legisladores que deben discutir la ley de legalización del aborto, tomasen en cuenta que tendría unos 500 mil votos a su favor, tendrían muchos menos reparos a la hora de votar positivamente. Como diría el Cleto Cobos. No tengo las cifras de la situación en Uruguay, pero en proporción, deben de ser las mismas. Legalizar el aborto no significa necesariamente estar a favor del aborto. Significa eliminar los riesgos de muerte de una mujer ante un aborto practicado en forma clandestina. Seguir con la penalización no evitará que se sigan realizando.

También en Argentina, en el lapso de un año, ya son 13 las mujeres quemadas vivas por sus parejas. La número 14, con un embarazo de 8 meses de gestación, pelea por su vida en un hospital. Más allá de las miles de mujeres que mueren a manos de un hombre, en los mal llamados “crímenes pasionales”, o titulados bajo “violencia familiar”. O las que sufren constantes abusos físicos o psicológicos, y que muy pocas se animan a denunciar. Por miedo. Por no pasar vergüenza ante una sociedad que las mirará o las juzgará con un implícito: “y, algo habrás hecho para provocarlo…”

Porque aún existe, enraizado profundamente, el pensamiento de que es mejor tener un hombre al lado, ser la “señora de…” que estar sola en una sociedad machista. Y en el resto del mundo, con pequeños matices, dependiendo de la región y religión que se practique en el lugar, es más o menos lo mismo.

Más o menos lo mismo que en las estadísticas que hablan de las alarmantes cifras de deserción escolar. Sobre todo en las zonas rurales o carenciadas. Lo que no aclaran dichas estadísticas, es que el 90% de esas deserciones se producen entre el alumnado femenino. Las niñas son sacadas de la escuela para ayudar a sus madres en las tareas domésticas y para cuidar a sus hermanos menores. Si hay que elegir entre mandar al varón o a la mujer a la escuela, el ganador será siempre el varón. En parte porque subsiste la creencia de que la mujer no necesita realmente tanta educación, ya que se casará o tendrá pareja y se dedicará a las tareas del hogar. Y a tener hijos. Digamos que no vale la pena desperdiciar el tiempo educándola. Si bien la situación de la mujer ha mejorado mucho con respecto a tiempos pasados, aún sigue siendo una especie de ciudadana de segunda categoría. Las mujeres que han logrado romper ese esquema y han logrado posicionarse a la par de los hombres, por lo general han sido mujeres cuyo status social y económico ha jugado un fuerte papel en conseguir dicha igualdad.

Y aún así, sobre todo si tienen una vida expuesta al público, se las criticará primero en su condición de mujer. Por ejemplo: si usan vestidos caros. O se visten mal. Si se maquillan. O no se maquillan lo suficiente. Si son jóvenes o viejas. Si se hacen las jóvenes. Si no hacen algo para disimular su vejez. Y luego por sus acciones. Ser mujer todavía significa estar siempre dando examen para probar que se es tan capaz como un hombre. Significa andar con sumo cuidado para no hacer algo que pueda manchar su reputación. Ese mismo algo que haría un hombre sin problema o represalia alguna. Ser mujer significa aún, en pleno siglo 21, nacer con unos 4 o 5 jugadores menos en la cancha para disputar el partido de la vida.

Uups…me olvidaba: ¡FELIZ DÍA DE LA MUJER!

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La autora es periodista, nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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