6 de febrero de 2011

¿Y si llamamos a Lawrence de Arabia?


por Lilly Morgan Vilaró

Egipto se ha convertido en el centro de las miradas de todo el mundo. A través de las imágenes de las cadenas internacionales de televisión y de los periodistas de todos los demás medios orales y escritos que están cubriendo la revuelta, vemos como crece el conflicto entre los anti-Mubarak y los pro-Mubarak. Es decir, cuando los periodistas pueden esquivar a los agentes gubernamentales y sus seguidores, que no quieren que el mundo se entere de lo que está pasando. Y por lo tanto han salido a la caza de cuanto representante de la prensa pueden encontrar.



Con la premisa que si no sale por televisión, y/o algún otro medio, el problema no se ve. Si no se ve, no existe. Y para eso también el bueno de Hosni mandó cortar Internet y la señal de los celulares y los twitters y todos esos artefactos tecnológicos modernos que fueron los pilares de la organización de la sublevación de los jóvenes egipcios. Sublevación que fue rápidamente emulada por los menos jóvenes y por los viejos. Como eso no sirvió para nada, ya que los anti-Mubarak siguieron yendo y acampando en la Plaza de Tahrir, el presidente envió, digo, perdón, ciudadanos civiles pro-Mubarak irrumpieron espontáneamente en la plaza con caballos y camellos, arremetiendo contra los manifestantes con látigos y espadas. Ehhhh…no conozco a los integrantes de la policía secreta egipcia como para reconocerlos personalmente y decir que ese era Ahmed el Sonriente, o aquél era Mohamed el Sucio, o el de allá atrás era Musni el Interrogador Implacable. Pero conozco algo de caballos. Ningún caballo que no esté entrenado para esos menesteres, entrará como si nada a una manifestación de miles de personas que están gritando, portando pancartas y agitando banderas. Se pararía en seco, depositando al jinete de cabeza contra el suelo, para luego pegar una media vuelta y huir despavorido a su casa. Que de tontos no tienen un pelo, mis amigos los caballos. Ídem para los camellos. Y, ya que estamos, ningún civil podría hacer lo que hicieron estos personajes casi medievales, sin antes haberse entrenado con los otros espontáneos pro-Mubarak manifestantes para hacer una entrada y una represión tan coordinada y feroz. Ni aunque fuesen del equipo nacional de polo egipcio. Pero bueno, le creeremos a Mubarak cuando dijo que él no sabía nada del tema. Como también le creeremos que está harto del poder y se va a ir porque tiene ganas. Y que nadie de afuera, léase Estados Unidos de Norteamérica, le podrá decir a él, y al resto de los egipcios... Bueno, a él y a sus seguidores…qué hacer o cómo gobernar su país. Tal vez sea un poco desmemoriado el hombre. O como ya hace 30 años que está en el poder, se olvidó del por qué y quien le permitió estar tanto tiempo. No sé como va a terminar esta historia. Tengo alguna pequeña idea del futuro inmediato. Pero no de lo que podrá pasar en un mediano o largo plazo. ¿Seguirá, previa aprobación de las grandes potencias, un delfín de Mubarak que hará unos cambios barnizados para dejar contento al mundo exterior? ¿Se podrá armar un gobierno, ya sea de coalición entre los diferentes partidos opositores, o de algún líder que surja repentinamente de entre las filas del pueblo? ¿Tomará el poder la temida Hermandad Musulmana y pasará Egipto de Guatemala a Guatepeor? No tengo la respuesta. Y lo peor es que la gente que entiende de estas cosas parecería no tenerla tampoco. Solo espero que este levantamiento de los jóvenes no acabe en una masacre. En aras de un Egipto seguro para el resto de los países árabes e Israel, y tranquilidad espiritual, política y económica del mundo occidental.



Jóvenes, muy jóvenes seguro, debieron de ser los delincuentes que intentaron asaltar en Argentina, al ex coronel carapintada Aldo Rico. Nadie en su sano juicio y con la edad necesaria para saber quien es este personaje, lo hubiese ni siquiera pensado. Y el final de la historia así lo prueba. Apenas vio la maniobra de encierro a su camioneta 4x4, Don Rico la emprendió a los balazos contra los asaltantes. Y si bien estos respondieron y lo hirieron en un hombro y en la cabeza, el ex militar logró conducir hasta la casa de su amigo que lo esperaba para comer un asado, decir que prefería llamar a la policía antes de ir al hospital, y comerse un sandwichito para no ir con el estómago vacío. Cosa esta última que los médicos no aconsejan por si hay que dar anestesia. Pero seguro que no fue necesario. Que Aldo es bien macho. Habrá mordido una bala e indicado a los médicos que procedieran adelante con las curaciones pertinentes. Él no duda. Que la duda es la jactancia de los intelectuales. (Sic) A mi sí me surge una duda. Siendo quien es la víctima: ¿se podrá aducir en defensa de los asaltantes eso de “Quien tirotea a un tiroteador, -y varias otras “habilidades” marciales del sujeto en cuestión- tiene cien años de perdón?” Y aclaro desde ya que no me alegra que lo hayan asaltado y tiroteado a Rico. Bueno. Tal vez sí se me escapó una sonrisa. Que soy humana después de todo. Y el señor debe de tener una placard lleno de esqueletos de su glorioso pasado de militar de la dictadura argentina. Y también de sus sublevaciones que mantuvieron a todo un país en vilo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. OK. Hubo cierta parte del país que estaba de parte de él. Por algo lo votaron después como intendente de San Miguel. Pero no puedo alegrarme de que le haya pasado eso. Ni a él ni a su mujer ni a su hijo. Rechazo la violencia venga de donde venga. Salvo excepciones extremas, no es la solución. Y la que se me va a armar por escribir lo anterior. Aceptar o alegrarme de la violencia ejercida contra Aldo Rico, sería parecerme a él. Y eso lo tengo muy claro. No quiero parecerme a él ni a ninguno de sus compinches. Ni a Mubarak. Ni a la Hermandad Musulmana. Ni a Lawrence de Arabia.

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La autora es periodista, nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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Las imágenes son de Eskup.

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