22 de febrero de 2011

Parlamento de Cleanto en la Escena V de El Tartufo, de Moliére.


“No soy un doctor reverenciado, ni acaparo todo el saber, pero sé, y esa es mi ciencia, distinguir lo falso de lo verdadero. Y así como no hay ninguna clase de héroes más estimables que los verdaderos devotos, ni nada en el mundo tan noble y tan hermoso como el santo fervor de una verdadera devoción, tampoco hay nada odioso como ese aspecto puritano de una devoción aparente; como esos charlatanes, como esos devotos que alardean de piedad, y de cuyo sacrilegio e hipocresía abusan impunemente y se burlan de lo que los mortales tienen por más sagrado y más santo; como esas gentes que por tener un alma interesadamente sumisa, hacen de la devoción oficio y mercancía y quieren comprar fama y dignidades al precio de miradas falsas y de afectados gestos. Estas gentes, digo, a quienes se ve correr por el camino del Cielo con un extraño fervor y que van en busca de su fortuna; que, afanosas y suplicantes, piden favores temporales todos los días y predican la austeridad en medio de la calle; que saben conjugar su piedad con sus vicios; esos hombres son irascibles, vengativos, desleales, llenos de artificio, y para hacer desgraciado a alguien cubren con el interés de la religión su propio resentimiento, tanto más de temer en su desatada cólera cuanto que esgrimen contra nosotros armas que reverenciamos, y cuyo odio quiere darnos muerte con un hierro sagrado. A menudo se ven caracteres de esa clase; pero es fácil distinguir a quienes son devotos; a la vista tenemos quienes pueden servirnos de magníficos ejemplos; Aristón, Periandro, Oronte, Alcidamas, Polidoro, Clitandro; a ninguno de ellos se les discute ese título; ninguno de ellos alardea su virtud; en ninguno de ellos se ese orgullo insoportable y su devoción es humana, es natural, no se ponen a censurar todos nuestros actos; estiman que es soberbia eso de estar corrigendo continuamente al prójimo; y dejando para otros las palabras enfáticas, se limitan a observar una conducta que sirve para enderezar las nuestras. No conceden valor a las apariencias de pecado y su alma se inclina siempre a juzgar bien al prójimo. No murmuran ni toman parte en intrigas. Se aprecia en ellos la preocupación de vivir honestamente; jamás se ceban en un pecador pues odian solamente al pecado y no toman la defensa de dios con más celo que Dios mismo. Esas son las gentes que me placen; he ahí cómo hay conducirse; he ahí el ejemplo que debemos seguir.”

0 comentarios:

"

Accommodation Hotel Hotels