11 de enero de 2011

TIEMPO INESTABLE



por Lilly Morgan Vilaró

El año 2011 arrancó con tiempo inestable. No sé si fue a propósito, para diferenciarse de los finales del 2010 que nos mató de calor antes de lo reglamentado, o de pura casualidad. O si pensó que La Niña era una dulce criatura que venía a disfrutar del verano y la dejó pasar sin pedirle los documentos. Documentos que acreditarían que La Niña es en verdad una pitufina con cara inocente, pero que ya lleva unos cuantos años dedicándose sin compasión a poner al clima patas para arriba. Arriba llueve a lo pavo. A lo pavo mojado, se entiende. Abajo, en el sur, la sequía nos ha evaporado hasta las lágrimas. La cuestión es que el 2011 arrancó inestable. Por los pagos sureños la temporada veraniega se largó con un sol indeciso pero abrasador. Y un montón de nubes atolondradas que vienen corriendo, peleándose entre ellas, pero solo dejando caer unas pocas gotas locas, antes de desaparecer cuesta abajo por el horizonte. Dejándonos con las ganas de una lluvia poderosa que haga callar a las chicharras y a los sapos que, juntamente con el resto del bicherío y yuyerío campestre, están a los gritos pidiendo agua. Los que están a los gritos también son los habitantes del balneario rochense de la Paloma. Tanto estables como los inmigrantes veraniegos. Los turistas. Que quieren veranear en la tranquilidad y belleza natural del lugar y no lo pueden hacer por culpa del ruido infernal que mete, hasta bien entrado el amanecer, un boliche bailable. Que debería cumplir con la ordenanza municipal de poner el volumen de la música a unos 30 decibeles pero no lo hace. Lo pone a unos 70 decibeles. Y parece que los inspectores están todos de vacaciones en Abú Dabi, ya que no escuchan el ruido, ni mucho menos, acusan recibo de los reclamos vecinales. El sector joven, turístico y local, no tiene problemas. Ni reclaman nada. Supongo que los inspectores se inclinan más hacia a juventud. No se si porque piensan que estos votantes durarán más tiempo que el sector protestador, por lo tanto lo ven como una inversión a largo plazo. O si es que se fueron todos para Punta del Diablo, siguiendo la migración de los boliches de la zona que decidieron que por esos lares recaudarían más. Es decir, los empresarios bolicheros. No los inspectores. Me intriga saber si los habitúes de la antaño tranquila Punta del Diablo están fascinados con el ruidaje infernal o si están buscando a un exorcizador profesional para echar al diablo entero que se les instaló. No es que esté en contra de los boliches bailables. Alguna vez yo anduve bailando hasta el amanecer y bien que me gustaba. El tema es divertirse sin que mi diversión arruine la de otros. Y los que tienen que poner los puntos sobre las íes y el volumen de decibeles, son las autoridades locales. De la misma manera que los pusieron en la entrada, o salida, de la ciudad de Rocha, en el cruce de la ruta 9, a la altura de la rotonda de donde sale el camino para La Paloma. Que se transformaba todos los veranos en un matadero local e internacional. Bloquearon el paso, obligando que ya sea los automovilistas que vienen del sur como los que vienen del norte, tengan que aminorar la marcha para hacer un pequeño desvío y retomar la ruta. Al parecer convencer a los usurarios locales de motos, bicicletas y autos, que lo ideal es frenar y mirar para ambos lados antes de cruzar la 9, no fue posible. Y se buscó una solución alternativa. Bueno. Lo mismo habría que hacer con el tema boliches ruidosos al extremo que no dejan dormir a los que quieren hacerlo, y los que quieren vivir la vida loca todas las noches aún a costa de quedar medio sordos para el resto de su vida. Ambos lados tienen el derecho de disfrutar las vacaciones a su manera. Las autoridades tienen que encontrar la solución. Tienen que encontrar la solución también al tema del estacionamiento de autos en las cercanías de las playas de la Pedrera. El otro día había autos estacionados a ambos costados de la calle que desemboca en la playa del barco hundido. Se formó una fila estacionada al medio y un antisocial, por no decir un señor que no tiene el menor respeto por sus prójimos, había estacionado su vehículo en segunda fila sobre el costado izquierdo. Dejando un pequeñísimo espacio para pasar. Me encantaría decir que era un compatriota argentino, por aquello de que muchos de nosotros tenemos fama de no saber respetar las reglas de la convivencia. Pero no. Era un compatriota uruguayo. Pero, más allá de la responsabilidad o civilidad, o todo lo contrario, de los automovilistas, el propio sistema de las calles en La Pedrera parece haber sido diseñado por una mente maquiavélica. O alguien que no previó el crecimiento turístico de la zona. La calle principal es de doble mano y además es peatonal. No se si es peatonal de verdad o si la gente en verano la transforma a prepo. Pero el caos y las posibilidades de un anunciado accidente están latentes. ¿No sería más lógico convertirla solamente en peatonal y hacer de las calles que bajan a ambas playas, una de entrada y otra de salida? Al menos durante la temporada veraniega. No es algo tan difícil ni complicado de implementar. Como tampoco sería difícil…, bueno, un poquito…, tratar de implementar un cierto control en el tema de los precios de restaurantes y boliches de venta de comestibles y mercadería común. Y en el precio de los alquileres. Estamos, los rochenses, casi a la par de Punta del Este. Con el pequeño detalle de no tener la infraestructura ni la calidad de servicio de ésta. Es cierto que con respecto a los alquileres, la gente los está pagando. Pero no sé cuanta cantidad de esa gente volverá la temporada próxima luego de darse cuenta que pagó lo mismo que en Punta pero sin la misma calidad. Y se me ocurre que lo bueno es que la gente quiera volver una y otra vez. Y que le cuente a sus parientes y amigos de las espectaculares playas de Rocha. Y del buen servicio y amabilidad de su gente. Y de los precios lógicos. Moderados. Que dejen ganancia a los dueños que alquilan sus casas. Como debe ser. Pero que no estén diseñados expresamente para que estos no tengan que trabajar el resto del año. Sería genial que el resto del año, tanto las autoridades municipales locales, como los dueños de boliches, las inmobiliarias, los particulares, y aindamáis, se juntasen para discutir, programar y acordar una estrategia para conseguir que los balnearios rochenses sean un destino buscado por un turista que quiera calidad, belleza natural y tranquilidad. Así como el que quiera todo eso y también ruido y diversión nocturna, sabiendo que no va a molestar al prójimo. Con precios accesibles. Con calles transitables y ordenadas de tal manera que no conviertan una ida a la playa o al supermercado en una odisea. Y antes de que alguien me diga que esas reuniones ya existen: por si no se dieron cuenta, evidentemente, no están dando resultados positivos.

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Lilly Morgan Vilaró es una periodista nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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1 comentarios:

Voz Oriental dijo...

Conozco toda esa zona turística de Rocha. He vacacionado muchas veces, Aguas Dulces.Estoy totalmente de acuerdo con la periodista. Pero, sobre todo me gusta su redacción. Es impecable.!!Como debe ser, caramba!! Que quien escribe, debe saber lo que está haciendo...mmm!! pero, igual, ME GUSTÓ!!!

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