15 de enero de 2011

EL CLUB DEL “YO NO FUI”


Photo credit: anitapatterson from morguefile.com

El Club del Yo no Fui ha aceptado el ingreso de 3 nuevos miembros a sus filas. La prestigiosa entidad social sin fines de lucro, fue fundada en tiempos remotos. Tan remotos que, según la leyenda, el socio fundador fue nada menos que un tal Adán. Casado en primeras nupcias con Eva. Si bien en un principio Adán no quería permitir el acceso al club a las mujeres, la serpiente parlanchina le explicó que un club sin socios no era en realidad un club. Y Adán no tuvo más remedio que ceder y aceptarla a Eva como socia. Para obtener la personalidad jurídica y poder funcionar legalmente. Así fue que cuando el dios creador del paraíso vino y les preguntó quien se había comido la única manzana del manzano, Adán dijo:”Yo no fui. Fue Eva”. Rápida de reflejos y sintiéndose respaldada por su condición de socia-cofundadora, Eva retrucó: “Yo no fui. Fue la serpiente.” Y la serpiente, que no había tenido la precaución de ingresar al club, pagó los platos rotos. Los platos rotos se llamaban Caín y Abel. El primero se hizo socio del club enseguida. Aprendió del error de la serpiente. Cuando su hermano Abel apareció muerto en circunstancias sospechosas, lo primero que dijo fue: “Yo no fui”. Y siguió aferrado a esa frase a pesar de que las pruebas incriminatorias lo apuntaban directamente a él. Siendo la más contundente el hecho de que no había nadie más por ahí que pudiese empuñar una piedra y partírsela en la cabeza al finado. Saltemos unos cuantos años, que sino esto se va a convertir en un libro. Otro conocido miembro del Club fue un romano llamado Nerón, que por esas cosas de la vida, era el emperador de Roma y sus vastos imperios. También era un tanto chiflado y excéntrico. Y músico. A decir verdad, muy mal músico. Pero quién se anima a decírselo a un emperador. Tras una temporada de poca inspiración artística, decidió hacer una fogata en el patio de su casa para invocar a las musas creativas. Repentinamente inspirado se puso a tocar la lira en la azotea, descuidando al fueguito que merced al vientito veraniego prendió fuego a una cortina y al poco tiempo nomás, ardía toda la ciudad. Ardió Roma. Y no confundir con Troya que fue en otra época y por otros motivos. Luego de apagado el incendio, los bomberos encargados del peritaje llegaron a la conclusión de que el fuego había comenzado en la casa del capo máximo y, peor aún, había sido intencional. Se miraron entre ellos y luego se dieron vuelta y lo miraron fijo a Nerón. Nerón paró de tocar la lira, cosa que agradeció todo el pueblo, y dijo: “Yo no fui. Fueron los cristianos.” Otro salto en el tiempo. El presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, es acusado de haber ordenado plantar micrófonos en la sede del partido demócrata en Washington. Sita en un edificio llamado Watergate. Nixon, que se había hecho socio del club hacía años, casi desde niño, respondió mirando a la cámara de televisión a los ojos: “Yo no fui.” Cabe destacar que en muchos casos, como precisamente éste, el socio no tenía, o a veces no podía, derivar la culpa hacia otros. Estos socios pagaban una cuota social un poco más alta, que de ninguna manera desmerecía su status dentro del club. Años más tarde, otro político electo como jefe de gobierno de otra ciudad, situado al sur del país del norte, y por supuesto, miembro del mismo club, respondería a una acusación similar de la misma manera: “Yo no fui. Fue Ciro James. Y yo ni siquiera lo conocía. No sé por qué trabajaba para mí. Ni en Boca ni aquí, en el gobierno de la ciudad. Es una mera casualidad.” Y parece que le están creyendo. Seguro que debe ser verdad. Hagamos un paréntesis para aclarar algunas de las reglas fundamentales del Club del Yo No Fui. No serán aceptados como socios/as, personas que ante la pregunta sencilla y directa de: “Se declara UD. culpable/responsable/incitador/autor material y/o intelectual etc.etc.etc. de tal o cual hecho?” respondan con un categórico “sí señor/a juez/a”. No hay excepción alguna a esta regla. Por más que estén re acomodados y conozcan a quien sea que conozcan del sector de los poderosos e influyentes del mundo. No hay tu tía. Ni ningún otro pariente. Por lo tanto es obvio colegir que jamás serán aceptados, por ejemplo, las siguientes personas: todos los integrantes de las juntas militares dictatoriales de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil. Se imaginan el papelón del club, el agravio a su entidad, si el Ministro de Seguridad (o de Interior, no estoy segura) de Brasil fuese socio activo y se le ocurre comentar en una reunión del club que “no hay vergüenza en admitir la desaparición forzada de los detenidos políticos durante la dictadura...”. O al simpático de Rafael Videla diciendo que asume su responsabilidad por las desapariciones, torturas y muertes ocurridas bajo su presidencia de facto durante la dictadura militar argentina. ¡No! ¡No! Y ¡No! El Club del Yo No Fui solo acepta gente como los banqueros uruguayos, los hermanos Peirano que dijeron que ellos no fueron responsables de la debacle económica de su banco que dejó a miles sin un peso. Y parece que los parlamentarios les creyeron. O al menos aceptaron que no lo hicieron por gusto. Esos son socios del cual el club se siente orgulloso. Y con eso en mente, el cuerpo directivo de la entidad, que recordemos no tiene fines de lucro, ya que sus socios por lo general vienen con lucro propio, ha decidido aceptar en forma inmediata, la petición de ingreso de los hermanos Juliá y su amigo Miret. Estos señores, hijos de un alto jefe de la Fuerza Aérea argentina, y de un funcionario gubernamental de no se cual gobierno, y prefiero no enterarme, han saltado a la fama repentina internacional al ser detenidos en Madrid luego de aterrizar con un avión portando cerca de 900 kilos de droga. No sé, ni me importa, si era cocaína o heroína. Era polvo blanco. Y no era harina ni poximix. Pues bien, flamantes socios del club, los hermanos Juliá y su compañero de aventuras, Miret, dijeron a los gritos: “Nosotros no fuimos”. Es decir, parece que aclararon cuando vieron las caras de no te creo de las autoridades españolas: “Nosotros manejábamos el avión, pero no sabíamos qué había en la bodega.” A ver….los 3 son pilotos profesionales y hacen vuelos internacionales, pero ninguno chequeó la carga. Les dijeron que era harina para los pobres de España y ellos se lo creyeron. En plena época en que se inspecciona hasta el combustible del avión por si alguien puso algún artefacto explosivo, ellos no chequearon la carga. Digo, no solo por si hubiese alguna bomba. También por si fuese mentira y no hubiese harina sino alguna otra cosa. Un contrabando de tizas en polvo argentinas. Que en Europa no se consiguen. Hoy día el tema del narcotráfico es motivo de conversación hasta en los jardines de infantes. Pero ellos no chequearon la carga. Había paquetes plásticos envolviendo algo que parecía polvo blanco. Y ellos no sospecharon. Ellos no fueron. Creo que tienen todo el derecho de ser declarados socios honorarios del Club del Yo No Fui. Es más, si hubiese algo así como el “Balón de Oro” para ese rubro, ellos deberían ganarlo. ¡Y habría 3 argentinos más en España de los cuales sentirnos orgullosos! Para terminar: no firmaré este artículo. Yo no fui.

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La autora es periodista, nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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