11 de diciembre de 2010

MATANDO AL MENSAJERO



por Lilly Morgan Vilaró

Al mejor estilo de las épocas antiguas, el gobierno de los Estados Unidos ha decidido que el creador del sitio WikiLeaks merece la suerte de los portadores de las malas noticias. Hay que matar, al menos figurativamente, espero, al mensajero que publicó los archivos recontra secretos que contenían las informaciones que sus embajadas desparramadas por el mundo, enviaban a Washington. La culpa de todo el escándalo desatado es de don Assange. Que más allá de corroer las relaciones bilaterales y supuestamente cordiales con casi todo el mundo, ha puesto en peligro la seguridad norteamericana, al contar, entre otras cosas, que Berlusconi es un fiestero que vive la vida loca, y que Sarkozy es un Napoleón actual, pero sin ropa puesta. El sandinista Daniel Ortega está más loco que una cabra loca y financia las políticas de estado con el narcotráfico. Acá creo que los Smart se confundieron. Los que financiaban a la contra nicaragüense con plata proveniente del narcotráfico, en los años 80 de Ronald Reagan, eran los de la CIA. Como no podían hacerlo legalmente por una prohibición expresa del Congreso norteamericano, le vendían armas a Irán, a pesar del embargo que también lo prohibía, y con esa plata compraban y vendían drogas para conseguir fondos para los somocistas. Se lo conoció como el Irán-Contra gate. Y Ronald “Teflón” Reagan dijo no saber nada del tema. Pero, según fuentes no oficiales, la gota que derramó el vaso fue la información proveniente de la embajada norteamericana en Egipto. En código tan indescifrable como todos los demás, los agentes de Smart 86 lanzaron la noticia bomba: “Los reyes magos no existen. Stop. Son los padres. Cambio y fuera.” Eso provocó la ira total de Barack Obama, que desde chiquito basó su confianza en el ya famoso “Yes we can” (“Si, podemos”) al ver que uno de los 3 reyes magos era negro. Si un hombre de raza negra de esos lejanos y primitivos tiempos, podía ser rey, él iba a poder ser presidente de su país. Que es casi lo mismo que ser rey. Por un período más corto y sin corona. Al menos en público. Pero con los mismos beneficios y oropeles alrededor. Y hete aquí que viene Assange y hace pública esta, ignorada por el resto del globo terráqueo adulto, información. Dejando su credibilidad por el suelo. La de Obama. Que la de Assange no está en duda. Sí está en duda la extraña denuncia de las dos mujeres suecas que afirmaron ser violadas por el malvado autor de los Wiki-Wiki. Extraña porque son dos amigas que utilizan el mismo argumento para fundamentar la supuesta violación. Los preservativos. O la falla de uno en un caso, y la falta de uno en el otro caso. Extraño porque la amiga A no llamó a la amiga B para decirle que se anduviera con cuidado porque el tipo andaba con preservativos rotos en el bolsillo. Extraño porque la otra accedió a tener relaciones con el levante del día anterior de su amiga, sin exigirle o preguntarle antes de empezar, si tenía preservativo. ¿En Suecia? ¿Una sueca adulta no pregunta eso, o más increíble aún, no tiene su stock propio de preservativos en la mesita de luz? Volviendo a la primera: cuando se dio cuenta que el preservativo estaba roto, ¿no tenía tampoco su stock propio? No discuto el derecho que tiene una mujer de decir “hasta acá llegué” en una relación sexual, por más que haya sido en un principio consensuada. Y tampoco discuto que se lo considere violación si el tipo sigue adelante ignorando la negativa de su pareja de continuarla. Y tampoco defiendo a raja tabla a Assange porque haya expuesto los trapitos sucios del Gran Hermano al sol. Puede ser un defensor de la libertad y derecho a la información, y un troglodita en cuestiones sexuales. O un férreo seguidor de las ordenanzas del Vaticano. Y seguro que en este caso no tenía permiso especial para usarlo. Pero la denuncia es muy rara. Tiene mucho sabor a made in CIA. La cuestión es matar al mensajero por desparramar malas noticias.Y para eso, todo es válido. Donde pareció que todo es válido también fue en Argentina. Primero fue el jefe de gobierno porteño, quien encarado sin aviso por la prensa ante los disturbios que se producían en Villa Soldati, decidió salir del mal momento culpando a la inmigración descontrolada. Es decir, los okupas del parque Indoamericano y el predio vecino abandonado que se negaron a ser desalojados por la fuerza por la policía, eran, según Macri, unos bolivianos y paraguayos muertos de hambre que por culpa de las leyes de inmigración descontroladas de la Nación, habían recalado en tierra argentina en vez de quedarse en sus países de origen. Aclaro que esto es una libre interpretación propia de las poco felices declaraciones de Mauricio. El se limitó a señalar lo de la inmigración descontrolada. Yo traduzco. Y puedo equivocarme. Al fin y al cabo papá Macri es un inmigrante italiano que vino al país sin un mango y a través de su duro trabajo se llenó de guita. Y Mauricio debe de saberlo. Mal podría estar criticando a otros que quieren hacer lo mismo. O al menos tener una vida más digna. Empezando por una vivienda. Y un lugar en donde construirla. Como Mauricio prometió que iba a hacer en su campaña electoral. Y si bien es cierto que hay muchos ciudadanos bolivianos y paraguayos tratando de instalarse en el parque de Villa Soldati, estoy segura que debe de haber también un montón de argentinos. Alguien debería de avisarle al futuro candidato presidencial que existen ciudadanos argentinos pobres. Y que tratar de poner a pobres contra pobres, utilizando mano de obra disponible y sin escrúpulos para lograrlo, no es una opción válida ni mucho menos, aconsejable. Sobretodo en época pre-electoral. Porque pasa lo que pasó. Probablemente, el que estemos en época pre elecciones motivó esa mala decisión de Mauricio o de sus asesores. Lo de hablar de discriminación descontrolada, debe de ser cosecha propia. Creo que para el jefe del PRO los únicos inmigrantes deberían de ser gente paqueta y linda. Y en lo posible con plata. Y por supuesto que ya quedó nominado por esa frase para el galardón de la casa real española del “¿Pero por qué no te callas?” del año 2010. Pero tampoco es válido que desde la vereda de enfrente se hayan lavado las manos al mejor estilo Poncio Pilatos y hayan dicho “que la sangre derramada caiga sobre la cabeza de Mauricio.” Porque la sangre derramada los ha salpicado a todos. Al negar la intervención de la policía federal y la gendarmería, permitieron que los supuestos enfrentamientos vecinales terminasen en varias muertes. Si fueron tres o cuatro, o quien sabe cuantos para cuando termine el conflicto, no le hace a la historia. Un muerto ya fue demasiado. Y para un gobierno que se ha cuidado extremadamente en no tener muertos por la represión policial, y, salvo el caso de Mariano Ferreira (mismo modus operandi, con barras bravas involucradas y policía distraída o cómplice) lo ha logrado, el permitir, si así lo hicieron, que los tenga el otro, solo por ser un opositor y posible contendiente a la presidencia, es muy poco ético. Entiendo que no quieran cargar con los costos políticos de los errores o promesas no cumplidas de Macri. Y hasta que se quieran aprovechar de esos errores. Pero no al costo de vidas. Ya sean bolivianos, paraguayos, peruanos, uruguayos o argentinos. O de cualquier otro país. No sirve el haber sido y ser el gobierno argentino que más ha hecho por el tema de los derechos humanos desde la última dictadura militar, si de golpe, por una tentación irresistible y comprensible de dejar que un opositor se cocine en su propia salsa, se olvide que en el medio hay personas que pagaron con sus vidas la quimera de conseguir un lugar para vivir. Más bien, para sobrevivir. Qué ironía que el pasado 8 de diciembre el mundo entero volviese a llorar la muerte del ex beatle John Lennon. Imagine. Todavía no le estamos haciendo caso.


Lilly Morgan Vilaró.


Periodista nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Es autora del libro "¡Ay mamá!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008) Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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