15 de noviembre de 2010

Somos tan inocentes…



Por Lilly Morgan Vilaró


El ex presidente norteamericano, George W. Bush, confesó en su recién publicado libro de memorias, que se sintió muy frustrado y un tanto sorprendido, cuando las tropas invasoras no encontraron armas de destrucción masiva en Irak. Que justamente por eso, él había ordenado la invasión. Porque según los informes de la CIA, que Bush creyó al pie de la letra, Saddam Hussein, el aliado de USA durante su confrontación con Irán, y ahora ex aliado devenido en malvado engendro del demonio, estaba tapado hasta las narices en esa clase de armamentos. Y todos sabemos que el único que puede tener dicho material bélico, es Estados Unidos. Que lo utiliza para ir desparramando democracias y libertades civiles a lo largo y ancho del resto del antidemocrático mundo. Y hete aquí, siempre según don Bush, que la gente de la CIA le mintió vilmente. Solo había el armamento convencional que el propio Estados Unidos le había vendido a precio de oferta a Hussein. Igual parece que ya que habían ido hasta allá, siguieron con los planes de derrocar al energúmeno y dejar al país hecho bosta para que sus habitantes se dieran cuenta de las bondades de la democracia made in USA. Pero como esta gente es muy cabeza dura, tuvieron que aplicar métodos un tanto fuertes para que lo entendieran. Y así es como Bush relata en ese mismo libro que ordenó la utilización de tortura contra los disidentes capturados, para conseguir información sobre posibles atentados contra las gentiles fuerzas invasoras. De eso, enfatiza George querido, no se arrepiente. Pero al mismo tiempo agrega que cuando vio por TV los abusos y, oh casualidad, torturas que sus hombres practicaban contra supuestos terroristas iraquíes, sintió náuseas. Admito que esto último me confundió un poquitín. Un “chin”, como dirían mis amigos dominicanos. Que por esas cosas de la vida, en la década del 60, también sufrieron una invasión por parte del Gran Hermano, que no estaba de acuerdo con la democracia que ellos querían. Tipo como pasó luego en Chile con Allende. La cuestión es que me quedó la duda sobre la causa de las náuseas de Bush. ¿Fue el ver las torturas que él ordenó aplicar? ¿O verlas por TV al igual que el resto del mundo? Espero que después de leer este artículo George me lo explique, ya que tiempo es lo que le sobra al querubín. Los que no perdieron el tiempo fueron los de la agencia británica de Amnesty Internacional que ya pidieron se lo procese al ex presidente por haber ordenado las torturas. Que son injustificables vengan del lado que vengan. Del lado de Lilita Carrió, la diputada siempre posible presidenciable argentina, partieron las acusaciones de pagos por parte del gobierno de Cristina Kirchner, para conseguir que algunos opositores votasen a favor de su proyecto de presupuesto. Inmediatamente todos los políticos involucrados, opositores y oficialistas, hicieron la clásica formación de carretas en rueda para defenderse de los indios. En este caso, la india Lilita. Que ellos/as se insultan, se pelean, se dicen cualquier cosa, pero cuando se los acusa de algo que puede tener un efecto dominó, se amigan en un santiamén y se ponen a defender el maizal todos juntitos. Ya pasó hace poco tiempo. Y el acusador fue ferozmente devorado por sus mismos compañeros. De todos los sectores partidarios. En esta ocasión hasta pararon de criticar los vestidos y maquillajes de doña Cristina, y se unieron para desmentir a la portadora del crucifijo purificador. Si Don Pepe Mujica los hubiese visto, no habría comentado eso de que la Argentina está partida en dos. Dos partes irreconciliables. A favor de K o en contra de K. No hay medias tintas. Si se queda ella le paramos el país como sea. Si vienen ellos haremos lo mismo. Ninguna de las partes habla de la posibilidad de consensuar. Que es la forma de hacer que el país salga adelante. Lo que sí ha visto Pepe es la discusión interna dentro de su mismo partido. Hay un sector que no está de acuerdo con las políticas que se están aplicando. Y lo está diciendo en voz alta. Que a mi me parece bien. Pero a don Pepe le parece mal. Y se los dijo a la cara. Mal le parece a mucha otra gente el tema de la anulación de la ley de caducidad. Muchos uruguayos dicen que es hora de perdonar y olvidar. Yo pienso que habría que hacer lo que hizo el papa Juan Pablo 2 cuando fue a visitar a su agresor. Lo perdonó. Pero lo dejó bien preso. Ya liberado, el malvado turco (no me acuerdo su nombre) acaba de decir en una entrevista que la agresión fue armada desde el mismo vaticano. Por un grupito que vendría a ser como la CIA con sotanas. El fin habría sido que se cumpliese la supuesta tercera profecía que la virgen María les confió a los pastorcitos de Fátima. La idea, según el turco, era herirlo nada más. Y a él le iban a pagar unos 50 mil dólares por el trabajo. No se si será verdad la historia. Pero mirándolo desde cierto ángulo, no es tan descabellada. La Iglesia Católica ha visto caer sus reliquias milagrosas a causa de la ciencia y las nuevas tecnologías. El santo sudario resultó ser trucho, ya que las pruebas de carbono demostraron que ese tipo de género sólo se empezó a fabricar en la edad media. El manto de la Verónica, ídem. Los pedacitos de madera que se vendían como pan caliente ya que se decía provenían de la misma cruz en que murió Jesús… truchos también. Así pues, un milagro que resultase difícil de refutar por la fría y hereje ciencia, no venía mal para reflotar una empresa religiosa que está en franca decadencia. Y me refiero a la empresa, no a los miles de fieles católicos que creen honestamente en su religión. Supongo que la jerarquía eclesiástica saldrá a desmentir muy pronto estas declaraciones. Las del turco. No las mías. ¿Sabía de este plan Juan Pablo 2? Que pregunta, ¿no?

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