5 de noviembre de 2010

La vida continúa...

por Lilly Morgan Vilaró


No habían pasado 3 horas de difundida la noticia de la muerte de Néstor Kirchner, y ya mi correo estaba inundado de mensajes, chistes y artículos de mis amigos derechosos. De los otros también. Pero haré hincapié en los primeros. La gran mayoría de un dudoso mal gusto, casi rayano en la grosería, y rezumando un odio tan explícito que me produjo una reacción de rechazo inmediata.





De los dos K, yo prefería, y sigo prefiriendo, a Cristina Fernández. Le reconocía cosas buenas al ex presidente, pero eran opacadas por las malas. Llámese patoterismo político-sindical, corrupción, soberbia en su manera de pronunciar discursos. Esa manía de presentar el futuro con un “Sin nosotros, se viene el diluvio”, y un montón de cosas por el estilo que me costaba tragar. Y que por lo tanto, no tragaba. Pero de ahí a alegrarme con su muerte. De festejarla. De casi explicarla como un castigo divino a sus ambiciones desmesuradas de poder, hay un largo trecho. Y los mensajes recibidos eran de ese tenor. Solo faltaba que alguien escribiese en alguna pared “Viva el cáncer”. Como cuando murió Evita. Y en cierta forma lo hicieron. Con otras palabras y con otras herramientas. Pero era el equivalente a ese espeluznante graffiti de hace ya 70 años. Es decir, la derecha argentina sigue siendo tan gorila como en aquella época. No ha evolucionado. Los chistes sobre N.K. eran de mal gusto. Los que se referían a Cristina venían aderezados con una cuota de machismo misógino también arcaico. Siguen sin perdonar que una mujer tenga poder político. Como tampoco se lo perdonaron a Evita. Y aclaro que no soy peronista.

Luego empezaron los comentarios de los políticos sobre el finado. Escuchándolos uno podría pensar que todo era paz y armonía dentro del espectro peronista y dentro del sector de la oposición. Personas que un día antes decían que Néstor era de lo peor, hoy lo alababan diciendo que había sido un gran estadista. Un político de ley. Un estratega. Un luchador. Hasta el vicepresidente tuvo palabras elogiosas para él. Cleto aseguró, sin pestañear, que Kirchner había sido un buen presidente. Por suerte nadie le preguntó su opinión sobre Cristina. Los políticos, esos que antes deseaban su muerte, figurativamente hablando, y algunos literalmente, ahora se deshacían en elogios. Daban náuseas. El cardenal Bergoglio, a quien Néstor le parecía el diablo encarnado, hizo una misa pidiendo por su eterno descanso en paz. ¡Santas sotanas! Después se me ocurrió que la misa bien podría haber sido en agradecimiento al dios que según Bergoglio se llevó el alma de don K. Y se quería asegurar que lo dejasen descansar eternamente. ¡Nada de milagros de resurrección! Mirado desde afuera, la cosa parecía surrealista.

Pero más surrealista fueron los siguientes mensajes que empezaron a circular por Internet. Que decían que Kirchner estaba vivo. Que se había fugado a algún paraíso fiscal del Caribe. ¿Los argumentos? Que sabía que iba preso luego de perder las elecciones en el 2011. Que por algo lo velaron a cajón cerrado. Que por eso Cristina tenía cara de póker en el velorio. Cuando señalé que la presidente estaba hecha bosta y se notaba a la legua, me contestaron que era puro camelo. Que es una gran actriz. Que por eso andaba de anteojos oscuros. Para que no se notara la falta de lágrimas. Empecé a dudar sobre si yo había estado viendo en vivo y en directo el velorio de don K, y mis amigos algún otro velorio con una viuda alegre tomando champagne. Al estilo Carlos Carrascosa en el velorio de su mujer, Marta García Belsunce. Hice hincapié en que casi todos los presidentes latinoamericanos habían ido al velorio. Que el resto del mundo había mandado sus condolencias. Que armar una farsa de esa naturaleza no era tan fácil. Me contestaron:- “Esta gente no tiene escrúpulos”. Mencioné el visible dolor de los hijos de Néstor. Me aceptaron el de Florencia. El de Máximo no. Según ellos el hijo varón estaba de lo más entero y por supuesto era parte de la gran confabulación.

Volví a dudar sobre si habíamos estado viendo por TV el mismo velorio. Les dije que si el argumento del engaño era porque supuestamente Kirchner tenía miedo de ir a la cárcel si perdían (para ellos las perdían seguro) las elecciones del 2011, era un argumento poco sólido. En Argentina nadie va preso. Me refiero a los políticos ex gobernantes. Por el contrario, pasan a ser senadores, o diputados, o a vivir de lo más tranquilos una vida cómoda y próspera. Comodidad y prosperidad logradas a través de sus honestos esfuerzos laborales. Con eso los tenía casi convencidos, cuando la presidente, en su primer acto público después de la muerte de su marido, finalizó su discurso diciendo que Néstor estaba ahí, caminando entre los presentes. Media hora más tarde me volvieron a tapar de mensajes diciendo que lo que realmente había querido decir Cristina, era que estaba vivo. Que la había traicionado el inconsciente. Que el tipo ya había llegado a las islas Caimán y le había mandado fotos de su nueva casa. Y que ella, apenas perdiese las elecciones del 2011, partiría rauda a juntarse con él. Los muy canallas. Al leer y escuchar tanto odio disparatado, y tanto elogio hipócrita por el otro, he decidido revisar más a fondo la trayectoria del pingüino. Si la derecha recalcitrante lo detesta tanto, debe de haber hecho mucho más cosas buenas de las que yo pensaba. Y prestaré especial atención a lo que hace Cristina de ahora en más. Si ha logrado que los dinosaurios y los neos del peronismo se hayan amigado para tratar de destruirla, tal vez habría que apoyarla para que no lo logren. Del resto de los partidos de la oposición no me preocupo demasiado. Al menos por ahora. Si surge alguien nuevo, veré. Mientras tanto, y como dijo Don Pepe, la vida continúa.

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