21 de noviembre de 2010

¡A cachetazo limpio!

por Lilly Morgan Vilaró

“Pegame y llamame Karlos”, parece que le dijo el legislador argentino Carlos Kunkel a la legisladora ídem, Graciela Caamaño. Y Caamaño le dio y se dio el gusto, y le zampó un cachetazo en vivo y en directo para que todos lo viéramos por TV. Graciela explicó su comportamiento pugilístico aduciendo que Carlos la tenía recontra harta con sus continuos comentarios despectivos hacia su persona. Comentarios en los cuales, para descalificarla a ella como legisladora, hacía eterna referencia a su marido. El ex sindicalista y casi gobernador de Catamarca, Luís Barrionuevo. El mismo que fue merecedor del galardón “Pero por qué no te callas”, que la casa real de España otorga cada tanto, cuando pronunció sus célebres palabras: “Para que este país salga adelante, tenemos que parar de robar por dos años.” Supongo que hasta Kunkel podría reconocer que al menos intelectualmente el tipo es honesto. Pero el hecho es que lo que parece que Carlos hacía constantemente, era ningunearla a Caamaño en su rol de diputada. Práctica bastante común en la política machista de acá y de todos lados. ¿Acaso no se decía que la presidente Cristina Fernández era una marioneta de su marido Néstor? ¿Acaso no hubo un delegado de un país caribeño que dijo en la Asamblea General de la ONU, que la primer ministro británica había ido a la guerra con Argentina sobre la soberanía de Las Malvinas, por estar menopáusica? Caamaño debería de saber que eso es a lo que se enfrentan las mujeres que se atreven a meterse en el mundo que los hombres consideraban y siguen considerando como territorio estrictamente masculino. Yo creo que respondió a la violencia discriminatoria verbal de su colega con violencia física. Y por más que en cierta forma pueda entender su impotencia y cansancio, la violencia no se justifica, cualquiera sea el paquete en la cual se la envuelva. A los cachetazos entró la policía de la provincia de Formosa para reprimir y desalojar un colegio tomado por los alumnos. En su mayoría menores de edad. Lo increíble fue que la orden fue dada por una jueza, que se ve es un poco joven para recordar la tristemente célebre Noche de los Lápices. Y al parecer tampoco vio la película. Y ni hablar de la ministra no se de qué, de la misma provincia, quien aseguró que el procedimiento se había llevado a cabo en medio de la más absoluta calma. No sé en que mundo vive la señora, porque las imágenes mostradas en TV eran de cualquier cosa, menos de calma. A los cachiporrazos y a los cachetazos entraron los policías. Más que una cachetada, pareció una palmada la que motivó el grito y el llanto de una niña de 3 años rescatada con vida de las profundidades de un pozo al cual había caído, y del cual los bomberos lograron extraerla 7 horas después. Como en el caso de los mineros chilenos, en vivo y en directo para las cámaras de TV. Y como en el mismo caso, con la presencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires que tomó debida nota del rédito político obtenido por el presidente Piñera y se quedó allí paradito durante todo el rescate. Ganándole de mano a la presidente Fernández que tuvo que conformarse con visitar a la niña en el hospital al día siguiente. Niña con cara medio asustada por el malón de gente desconocida que entró de golpe a su cuarto, pero que supongo habrá quedado contenta con la muñeca que le regaló Cristina.
Una bebé Barbie rubia, de ojos celestes y piel bien blanca, con vestiditos a montones y su casita propia. Para que la niña haga de mamita adoptiva de una muñequita que representa todo lo que no es ella. Una de esas “peronistas de ojos azules” a quienes el ex presidente Carlos Menem soñaba con gobernar. A los cachetazos políticos andamos en Uruguay a raíz del proyecto de ley para anular la ley de caducidad, que dejó libres a los militares de la dictadura. También andan a los cachetazos los bancarios, los especialistas médicos, los escribanos, los municipales y los barrenderos de Montevideo, entre otros. Cachetazos traducidos en paros y protestas por reclamos salariales, de horarios de trabajo, y de cajas de aportes jubilatorios. Cosas que parecían impensables cuando ganó las elecciones el presidente Pepe Mujica. Impensable ha sido la decisión del vaticano de permitir “en ciertos casos” el uso de los preservativos. Como si una gran cantidad de los mismos católicos no los estuviesen usando hace rato. Siguen estando siglos atrás del resto del mundo. Los del vaticano. No los católicos. Y aún así, solo los permitirán en “ciertos casos.” Y ellos por supuesto, decidirán en cuales. Supongo que implementarán una especie de receta médica-papal con la cual los “amnistiados” podrán solicitar su cuota de preservativos en la farmacia del barrio. Me parece que el vaticano necesita un cachetazo para volver a nacer en el siglo XXI.

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Lilly Morgan Vilaró.


Periodista nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros. Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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