21 de marzo de 2010

ERRADICAR DEL RACISMO

por Alejandro Motta Castro



El 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Esta, como todas las efemérides, cumple con el propósito de no dejarnos olvidar personas, hechos o asuntos importantes.



El racismo es un prejuicio que no tiene fundamento científico alguno, dada la unidad del género humano. Se sabe que nuestra especie surgió en África, por lo tanto todos somos descendientes de negros. A lo largo de siglos y milenios, la humanidad se expandió por el mundo, adaptándose a diferentes circunstancias y ambientes, mutando el color de la piel, de los ojos, o las formas de algunas partes del cuerpo.



Los últimos siglos han sido propicios para el cruzamiento entre diferentes pueblos y grupos étnicos, en un proceso que tiende a acentuarse. Lo que nunca debió suceder es el avasallamiento de unos sobre otros, que ha tenido lugar en varias épocas, por ejemplo, la colonial.



Los estados deben proteger la diversidad cultural, para la preservación de las diferentes culturas y sus tradiciones, idiomas, religiones, destrezas, etc. En este aspecto hay gobiernos que tienen una gran deuda; tal es el caso de Chile donde los mapuches han sido seriamente maltratados, o Argentina, donde el monocultivo de soja se lleva por delante al campesinado indígena.



La batalla contra el racismo ha sido librada por grandes hombres y mujeres. Recordemos especialmente a Nelson Mandela, de cuya liberación –tras casi treinta años de cárcel- se cumplieron dos décadas en febrero. Estos hechos son recordados en la recientemente estrenada película “Invictus”, dirigida por Clint Eastwood y con la actuación estelar de Morgan Freeman encarnando al primer presidente negro de la República de Sudáfrica.



El verbo “discriminar” significa: “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.” (DRAE).



Pensemos seriamente en esa sencilla definición. A veces creemos que no discriminamos, por el simple hecho de no faltarle el respeto a alguien. Pero dar un trato de igualdad, implica mucho más. Es ir contra la corriente muchas veces; por eso no basta con decir “no soy racista”, “yo no discrimino”; necesitamos asumir la valiente postura de ser decididamente antirracistas y anti-discriminatorios. Para que no nos arrastre la corriente.

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