8 de noviembre de 2009

CRIMEN MACHISTA

En la mañana del viernes 6 de noviembre, a pocas cuadras del centro de Melo, una joven de 21 años fue brutalmente asesinada a puñaladas por su ex pareja a las puertas de un comercio frente a la atónita mirada de los vecinos.

Duele que una joven termine su vida así, que una familia pierda a única hija, y que alguien que fuera su novio devenga en asesino. Los testimonios de las personas del lugar dicen que no era un hombre violento, pero sí muy celoso.

Lo lamentable, más allá de los hechos, es que no busquemos explicaciones coherentes a lo sucedido. Podemos brindar una respuesta simplista; aludir a la inseguridad como si el delito surgiera por generación espontánea; verlo como un hecho aislado; o lo que es peor, asumirlo como algo común, frente a lo que nada podemos hacer y por lo tanto mañana, cuando se despejen los nubarrones de los días grises y reaparezca el sol, olvidar lo que sucedió (total, en el oficio del olvido ya estamos hechos). Después de todo le pasó a otros….

Pero lo que pasó en otra familia, puede pasar en la de cualquiera de nosotros. Por eso, propongo que nos hagamos dos preguntas: ¿Por qué son tan frecuentes los casos de mujeres muertas a manos de sus parejas, pero escasas las veces que sucede lo inverso?

Si las víctimas naturales de la violencia doméstica son las mujeres, ¿estamos siendo precisos cuando decimos que fue un “crimen pasional”?

Cuando no manifestamos nuestro rechazo ante el crimen y no llamamos a las cosas por su nombre, estamos siendo cómplices del mismo.

Lo que sucedió se llama “femicidio”, y es la máxima expresión de la violencia hacia las mujeres.

El origen del femicidio, está en el orden patriarcal que impera en nuestra sociedad. El patriarcado, establece que la mujer pertenece al marido, quien ejerce la autoridad en todos los ámbitos, al punto de disponer de su vida. Está a nivel inconciente; no nos damos cuenta de ello. Pero si empezamos a prestar atención a nuestras actitudes, a la forma en que muchas veces nos relacionamos, e incluso al lenguaje que empleamos, nos daremos cuenta de ello.

El patriarcado, trasmitido de generación en generación, y alimentado por las telenovelas de la tarde como Doña Bárbara, está enfermándonos. Si nos negamos a darnos cuenta para actuar en consecuencia, cabe esperarse muertes de este tipo más frecuentes y más numerosas.


Alejandro Motta Castro

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