18 de abril de 2009

AFROBOLIVIANOS

El reino escondido
Nota de BBC Mundo


El viaje de La Paz a la región de Los Yungas, una zona de bosque tropical en la cordillera de los Andes, a través de una ruta sinuosa conocida como el Camino de la Muerte, toma unas tres horas.

En uno de sus verdes valles se encuentra el "reino escondido" de los afrobolivianos. Si prestas atención, al acercarte, podrás escuchar el sonido de los tambores.
"Yo soy el rey", dice orgulloso Julio Bonifaz Pinedo, de pie junto a su esposa Angélica, una mujer afroboliviana vestida con su tradicional traje andino de falda de varias capas, chal y sombrero bombín.
"Es una inmensa responsabilidad porque tengo que trabajar muy duro para mi gente, mi pobre gente, y no tenemos recursos".

El rey Julio es uno de muchos afrobolivianos azotados por la pobreza. Pero pocos años atrás descubrió que era descendiente directo de Boniz, un rey tribal de África Central.

Hace casi dos años fue coronado en una lujosa ceremonia como el primer rey afroboliviano, todo con el fin de lograr avances en la causa de su pueblo y obtener reconocimiento en la nueva Constitución del país.

El Bonifaz original llegó a Bolivia en el siglo XVI para trabajar como esclavo en las minas de Potosí.
Al igual que la mayoría de los esclavos que sobrevivieron a la dureza del trabajo en las minas, Bonifaz fue vendido a los dueños de plantaciones en Los Yungas, donde el clima es más parecido al de África Subsahariana.

Hoy, mas de 35.000 afrobolivianos continúan sintiéndose abandonados en un país que, recientemente, aprobó su primera Constitución "multiétnica y multicultural".

"Existe mucha pobreza entre los afrobolivianos, estamos entre los más pobres del país", dice el rey Julio mientras me muestra su pequeña tienda en la que vende bananas, pan y unas pocas cosas más.

Cocaleros, por tradición

(Pinturas de Raúl Lara Torrez)

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